25.11.11
Proteak: árboles que cotizan en la BMV
21.11.11
Nuevos aires para Herdez
Extracto del texto publicado originalmente en la revista Expansión.
20.11.11
El edificio más sustentable de América Latina, en México

Extracto del reportaje publicado en la revista Alto Nivel.
En la colonia del Valle en San Pedro Garza, Nuevo León, se eleva entre los edificios una sorprendente turbina eólica de 16 metros de altura. Esa es la mejor manera de identificar la sede de la empresa Bioconstrucción, la edificación más sustentable en América Latina de acuerdo con LEED (acrónimo de Leadership in Energy & Environmental Design).
LEED es un sistema que certifica la sustentabilidad en construcciones alrededor del mundo. Fue desarrollado en 1998 por el U.S. Green Building Council (USGBC) y se basa en la incorporación de aspectos que disminuyen el impacto ambiental negativo e incrementen la calidad de vida de los ocupantes de oficinas, escuelas, hospitales y casas.
Quizá la cercanía geográfica con Estados Unidos ha contagiado a grupos de arquitectos mexicanos el interés en la construcción ecológica: Ciudad Juárez fue la primera urbe en América Latina en albergar un edificio con certificación LEED, el Centro Internacional de Negocios. Además, la primera edificación que obtuvo el nivel LEED Gold en Latinoamérica fue la Torre HSBC, ubicada sobre Paseo de la Reforma, en el Distrito Federal.
Ulises Treviño, director general de Bioconstrucción, decidió desde un inicio que su oficina debería ser un escaparate de buenas prácticas. “Al construir aspiramos a metas realmente ambiciosas como la neutralidad en emisiones de dióxido de carbono, la autonomía en agua y la generación de excedentes energéticos a través de fuentes solares y eólicas. La certificación LEED Platimun es una consecuencia lógica de haber apostado a estos objetivos tan exigentes”, explica el también Presidente del Consejo Mexicano de Edificación Sustentable.
La sede de Bioconstrucción solía ser una residencia que fue remodelada con materiales extraídos, manufacturados y distribuidos lo más cerca posible del sitio de la construcción, para así disminuir el impacto de transportar insumos de largas distancias. En lo que se refiere al techo, la totalidad de su superficie capta agua de lluvia. La mitad de la azotea está naturada y la otra tiene un piso de madera que brinda sombreado y ventilación. La cisterna de 21,000 litros recoge el agua pluvial para luego bombearla a un tanque de distribución que provee de agua a todo el edificio.
El aire acondicionado fue diseñado para enviar el volumen de refrigerante necesario para cada zona y optimizar así el uso de energía. De forma complementaria, el edificio tiene entradas de luz natural orientadas estratégicamente para aprovechar la iluminación que proporciona el Sol, sin permitir la entrada de calor. Por si fuera poco, generan su propia energía mediante el uso de paneles solares y una turbina eólica.
“Hemos sistemáticamente subestimado la importancia de invertir en el aspecto más valioso de los edificios, que es la experiencia de sus ocupantes”, asevera Ulises Treviño. Por ello, el diseño de las oficinas de Bioconstrucción está totalmente orientado a quienes lo habitan: todos los espacios de trabajo tienen vistas al exterior, es posible regular el ambiente con controles individuales de iluminación y flujo de aire acondicionado. Además, se monitorean los niveles de dióxido de carbono y cuando éstos llegan a subir, se aumenta la renovación del aire en las oficinas.
Aunque los temas relacionados con la energía motivan gran parte del análisis en materia de edificación sustentable, investigaciones del Large Cities Climate Leadership Group dan fe de los beneficios para la salud humana y la productividad derivados de ecotecnias. Por ejemplo, la deficiente calidad del aire en interiores exacerba el asma, las alergias y la propagación de la influenza, además de ser causa del síndrome del edificio enfermo.
30.8.11
Inversión de impacto, rentabilidad financiera y social
(Extracto del texto publicado originalmente en El Economista)
Era el año 2007 cuando Álvaro Rodríguez Arregui dejó su puesto como Director de Finanzas de Vitro, e inspirado por la mezcla de negocio y desarrollo social que encontraba en las microfinancieras fundó Ignia, el primer fondo de inversión de impacto en América Latina.
La inversión de impacto, también conocida como inversión social, consiste en colocar capital en empresas que generan beneficios sociales o ambientales y que además son rentables financieramente.
En años recientes, el tema ha migrado de la periferia de los activistas a la base de las instituciones financieras y, de acuerdo con datos del Aspen Network of Development Entrepreneurs (ANDE), con base en Washington D.C., los fondos de este tipo en el mundo ya suman más de 220. Randall Kempner, director ejecutivo de ANDE, interpreta el surgimiento de la inversión de impacto como una reacción a los resultados poco satisfactorios del modelo tradicional de desarrollo.
Los mecanismos de inversión en el mercado social no son radicalmente diferentes a los puramente comerciales. De acuerdo con Erik Wallsten, director de Adobe Capital, “un fondo tradicional busca maximizar el retorno, mientras que un fondo de inversión de impacto busca un balance: generar una buena ganancia para los inversionistas y apoyar aquellos sectores que generan un beneficio social o ambiental”.
A finales de 2010, JP Morgan y la Fundación Rockefeller publicaron el reporte Impact Investments: An Emerging Asset Class en el cual evaluaron el potencial de cinco sectores: vivienda asequible urbana, acceso rural a agua potable, salud materna, educación primaria y microfinanzas. El documento estima una oportunidad de inversión de entre 400 mil millones y 1 billón de dólares, con ganancias potenciales que van de los 183 mil millones a los 667 mil millones de dólares durante la próxima década, considerando únicamente los cinco segmentos de mercado estudiados.
Por su parte, estudios de Monitor Institute, organización pionera en la investigación de este sector, arrojan que en Estados Unidos ya se han invertido al menos 26 millones de dólares, con una tasa compuesta de crecimiento anual de 22% entre 2001 y 2007.
Para leer el texto completo da click aquí.
17.8.11
Lo bueno, lo malo y lo feo… de las microfinanzas
La industria de las microfinanzas empezó plagada de escépticos que dudaban que la población de bajos ingresos fuera capaz de pagar sus deudas. Tiempo después, el premio Nobel de la Paz que se otorgó a Muhammad Yunus puso el tema sobre la mesa de empresarios, filántropos y estudiosos del desarrollo. En tiempos más recientes se ha empezado a cuestionar seriamente el impacto real de estas instituciones financieras en el desarrollo social.
El nacimiento formal de las microfinanzas se debe a Muhammad Yunus, quien cuando era profesor de economía una universidad en Bangladesh, descubrió la desatendida demanda de créditos bancarios entre la población de bajos ingresos.
Sin embargo, la banca comercial no estaba dispuesta a prestar a grupos de bajos ingresos, así que realizó algunos préstamos con dinero de su propia bolsa. Al observar que prácticamente todas las personas a quienes había prestado le habían pagado a tiempo decidió fundar el Grameen Bank, también conocido como el banco de los pobres. Actualmente, el Grameen Bank atiende a 5 millones de clientes, la mayoría mujeres, y tiene más de 2,000 sucursales.
En los últimos años el desarrollo de las microfinanzas en América Latina ha sido extraordinario, a tal grado que las instituciones de la región cuentan con cerca de seis millones de clientes. Este crecimiento ha sido el resultado de la entrada de los bancos tradicionales al negocio y de la transformación de ONGs (Organizaciones No Gubernamentales) en entidades financieras formales.
Justamente ese es el caso de la mexicana Compartamos Banco, que dio sus primeros dos créditos como ONG en 1990. En el año 2000 se convirtió en una sociedad financiera de objeto limitado, mejor conocida como Sofol; en 2006 se convirtió en banco y un año después entró a la Bolsa Mexicana de Valores.
Sin embargo, las instituciones microfinancieras han sido criticadas incluso por Muhamad Yunnus, el creador del Grameen Bank, quien considera que en muchas ocasiones se abusa en las tasas de interés. El profesor Yunus prácticamente calificó de “tiburones financieros” a instituciones micofinancieras que, citándolo textualmente, estaban “abusando de los pobres”.
Las microfinancieras obtienen el dinero de la banca de desarrollo a una tasa de interés de 12 por ciento y en algunas instituciones en México lo prestan con un interés de hasta 80 por ciento. Eso explica que en los últimos seis años el número de empresas involucradas en el negocio haya pasado de 10 a más de 150, tan solo en el país. Las instituciones microfinancieras en México ya atienden a poco más de un millón y medio de personas y el monto del crédito que otorgan es en promedio de unos 7,000 pesos.
Otra crítica común que se realiza a este negocio es que en una sociedad con una pobre cultura de finanzas personales, las microfinancieras pueden llevar a la gente a endeudarse de por vida. Es famoso el caso de una mujer en Nicaragua que tenía un pequeño negocio para el cual estuvo pidiendo diversos microcréditos, y al final quedó debiéndole a 19 microfinancieras. La realidad es que el endeudamiento puede hacer mucho más vulnerables a quienes menos tienen ya que los programas de microcrédito no hacen nada por cambiar las condiciones estructurales que crean la pobreza.
Por ello, la gran pregunta sería qué hacer para que las microfinancieras sean efectivas en la promoción del desarrollo. Sin duda, es importante empezar por impulsar la capacidad emprendedora de quienes piden un préstamo para un negocio. Otra propuesta es considerar la fusión de instituciones microfinancieras para hacer frente a los altos costos operativos.
De este tema opinamos la semana pasada en la sección Controversia Responsable del programa Rumbo Responsable que se transmite todos los miércoles en NoticiasMVS-102.5FM de 10:00 a 11:00 pm.
¿Cuál fue nuestra reflexión final en esa ocasión? Concluimos que quizá la clave para lograr que el impacto de las microfinancieras en la población sea más positivo que negativo sea recordar que ofrecer servicios financieros a grupos de bajos ingresos es solo una pieza del rompecabezas y no debemos ceder al sistema financiero toda la responsabilidad de erradicar la pobreza.
15.7.11
Cerrar la brecha digital no es garantía de desarrollo
Quienes seguimos las acciones de Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ya estamos familiarizados con iniciativas que llevan a zonas marginadas computadoras y conexión a Internet. Sin embargo, por positivo que luzca, esto no es garantía de que la tecnología efectivamente impulsará el desarrollo social. ¿Por qué?
La realidad es que en áreas rurales, así como en zonas urbanas de bajos ingresos, la gente no enfrenta únicamente una brecha tecnológica, hay también una brecha de contenidos. Es decir, que gran parte de la información que se encuentra en la red no es relevante para las necesidades reales de la población.
Ya se han documentado experiencias en todo el mundo en las cuales la gran empresa llega a una zona marginada a instalar equipos de cómputo y, a falta de una estrategia integral de RSE, la tecnología se convierte en una opción más de entretenimiento y no en una detonadora del desarrollo.
Sin embargo, hay sus valiosas excepciones. Uno de los proyectos que han acercado con mayor éxito las TICs a poblaciones de bajos ingresos es una empresa social mexicana, la Red de Innovación y Aprendizaje, mejor conocida como RIA.
Esta empresa, ya ha instalado alrededor de 30 centros de cómputo en zonas donde sus habitantes perciben ingresos menores a cuatro mil pesos, por lo que es común que muchos de sus clientes prendan por primera vez en su vida una computadora en el centro de RIA.
El modelo del negocio es muy interesante, ya que por un costo muy bajo, la gente puede tomar diversos cursos, por ejemplo, de inglés, administración de negocios, e incluso es posible realizar la preparatoria, licenciatura o maestría en línea. Otro curso que ofrece RIA, surgió como una respuesta a la alta tasa de desempleo en las zonas donde trabaja. La empresa social ofrece talleres que enseñan cómo hacer un currículum vitae, cómo buscar trabajo por Internet y consejos para lograr entrevistas laborales exitosas.
La mala noticia es que los centros de cómputo de RIA se ubican únicamente en el Estado de México, ya que fue el Gobierno de esa entidad quien aportó la inversión inicial para arrancar el proyecto.
No obstante, datos del INEGI arrojan que en Chiapas, Guerrero y Oaxaca sólo uno de cada diez hogares tiene acceso a una computadora.
Seguramente, de contar con el apoyo de inversionistas, empresas como RIA, podrían actuar como detonadores de conectividad en esas Entidades.
Y es que ya nadie puede negar que las TICs tienen un potencial enorme para impulsar el desarrollo, por lo que observarlas únicamente como agentes económicos resulta irresponsable. Afortunadamente, muchos ya han entendido que las TICs, bien empleadas, tienen el potencial de lograr que miles de personas se conviertan en protagonistas de su propio desarrollo y encuentren un empleo digno o terminen sus estudios.
Es por ello que decidí abordar este tema en la sección “Controversia Responsable” que se transmitió el miércoles 12 de junio en del programa Rumbo Responsable (NoticiasMVS-102.5FM, los miércoles de 10:00 a 11:00 pm).
Si te gustaría conocer más de otras prácticas de RSE que no obtienen los resultados esperados o que incluso, generan impactos negativos, prende tu radio el próximo miércoles o escúchanos en el sitio de Internet de MVS.
27.7.10
Ocho formas de invertir 10 mil millones de dólares

13.6.10
Inversiones millonarias, distintas motivaciones

28.5.10
Rentabilidad e impacto
Muchos aún no lo han notado, pero el tema obligado para los interesados en el vínculo entre los negocios y el desarrollo es la inversión de impacto. Pero, ¿en qué consiste?También se le llama inversión social rentable o impact investing, aunque, al igual que en muchos sectores poco consolidados, hay muchas más formas de nombrar a lo mismo.
En términos generales, consiste en colocar capital de forma activa en empresas y fondos que generan beneficios sociales o ambientales y además son rentables para el inversionista.
La inversión de impacto agrupa a aquellas operaciones financieras realizadas por fondos de inversión que colocan grandes montos en proyectos rentables con impacto social o ambiental positivo, es decir, empresas sociales.
De esta forma, se apoyan a proyectos con o sin fines de lucro y alto impacto, con volumen de transacciones millonarias y a tasas de interés o condiciones de inversión favorables para los emprendedores.
De acuerdo con la red ANDE (Aspen Network for Development Entrepreneurs ) existen ya casi 200 fondos dedicados a promover el crecimiento de pequeñas y medianas empresas naciendo en todo el mundo.
El mundo de la inversión de impacto ya está preparado para salir de su fase inicial caracterizada por la innovación y la falta de coordinación. Sin duda, en los siguientes meses observaremos la construcción de un mercado más especializado y en proceso de madurez.
Ahora la gran pregunta es si los recursos que serán suficientes para crear un mercado coherente que genere impacto entre los emprendedores sociales, los grupos vulnerables y el medio ambiente.
20.5.10
Innovar la Paz
Acabo de descubrir que en la Universidad de Stanford hay un grupo de locos/visionarios/emprendedores que trabajan para innovar la paz. Su meta es inspirar a la gente a usar el poder de la innovación para crear un mundo mucho más tranquilo. El marco temporal: 30 años.Y aunque, sin duda, se trata de una visión ambiciosa, BJ Foggg, el líder del proyecto, tiene la convicción de que es totalmente posible y que las nuevas tecnologías pueden crear la paz de maneras nunca antes imaginadas.
Para lograrlo, un grupo de estudiantes liderados por el profesor Fogg trabajan en grupos reducidos, con servicios de Web 2.0 (Flickr, Google Maps, YouTube) para explorar si se pueden emplear para la consolidación de la paz.
La hipótesis del grupo es que las nuevas tecnologías, tales como teléfonos móviles y la web 2.0, son una gran herramienta para formar creencias y comportamientos que favorecen la paz. Incluso, BJ Fogg creó un curso en Stanford llamado Peace Innovation (Innovación de la Paz) que invita a los alumnos a generar métodos simples y confiables para medir resultados relacionados con la paz.
Para conocer más de la iniciativa puedes visitar su sitio en Internet: http://peace.stanford.edu/. Además, vale la pena visitar el sitio personal de BJ Fogg: http://www.bjfogg.com/
19.4.10
C.K. Prahalad y yo

24.3.10
La franquicia social: replicar lo bien hecho

18.3.10
¿Toda iniciativa empresarial es social?

16.12.09
Se buscan empresas sin fines de lucro
Cada vez se habla más de la empresa social, y cada quien la entiende a su modo, lo que ha generado diversas definiciones (y confusiones) de lo que es o no es una empresa social. Y curiosamente, en los últimos siete días me han preguntado en varias ocasiones ¿qué es la empresa social? y ¿cuáles son las diferencias entre una empresa social y una tradicional?Yo prefiero la definición que aporta Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz, padre del microcrédito y emprendedor social. Para él, la empresa social es aquella en la que las utilidades no van al dueño o fundador de la empresa, ni a los inversionistas, sino que se destinan a un fin social. Por contradictorio que parezca, podríamos resumirla como “una empresa sin fines de lucro”.
La idea de la empresa social se basa en la necesidad de la distribución de la riqueza, una de las mayores fallas del sistema actual.
Este tipo de organización trabaja con la misma estructura de una empresa dedicada a maximizar beneficios, como las que comúnmente conocemos; solamente que los beneficios obtenidos no son recibidos por los empresarios, sino que se destinan a la sociedad. La transferencia de riqueza se realiza a través tanto del ofrecimiento de precios más bajos, casi al costo, para que sean accesibles a los sectores más vulnerables, como del cumplimiento específico de objetivos sociales.
Por ejemplo, una empresa dedicada a la instalación de pisos de cemento en hogares rurales que aún tienen suelo de tierra. La inversión puede provenir de empresarios, fundaciones o capital de varios habitantes de la comunidad. Esa empresa debe proponerse un objetivo y comprometerse a cumplirlo, y deberá vender sus servicios a un precio que no implique más que la tasa de retorno del capital invertido y los costos generados por su distribución y mano de obra empleada. Las ganancias se verán reflejadas en la consecución del objetivo que se propuso, logrado gracias a los bajos precios y a la participación de los habitantes de la comunidad en la cadena de valor.
La primera empresa social multinacional fue iniciativa de Yunus y Franck Riboud, presidente y director general del Grupo Danone. Se trata de un proyecto en el cual ninguna de las partes obtiene utilidad, su única meta es resolver el problema social de la desnutrición infantil sin beneficiarse de ello. Lanzaron al mercado un yogurt que contiene todos los nutrientes necesarios para la salud durante la infancia. El precio del producto es muy bajo, ya que no se invirtió en la imagen del envase ni en campañas publicitarias.
La productora de lácteos fue establecida como una planta de proximidad, es decir, que se construyó cerca de la comunidad que lo consumirá, con el fin de obtener su materia prima a partir de la producción local, reducir los costos de distribución y generar empleos. Así, los costos de producción son bajos al mismo tiempo que apoya a la economía local.
Para muchos, los objetivos sociales que se ha Yunus pueden parecer distantes; sin embargo, este tipo de empresas tienen metas más realistas que los objetivos que se han propuesto muchas organizaciones multinacionales.
Es interesante que al analizar el papel de la empresa social, Yunus es muy crítico de la responsabilidad social empresarial (RSE), ya que considera que las empresas que la practican sacan a la luz sólo algunos aspectos (los que les convienen), y son muy pocas las firmas que hacen una evaluación neta de su impacto en la sociedad y el medio ambiente, y menos aún las que hacen públicos todos los resultados.
Se buscan empresas sociales mexicanas
Son varios años los que he estado involucrada en el tema, y siempre he admirado la forma en la que se celebran e impulsan a los emprendedores sociales en otros países. ¿Por qué no hacer lo mismo en México? Si conocen alguna empresa social que esté haciendo la diferencia agradeceré que me compartan el caso a letigasca@gmail.com. Celebremos a los emprendedores sociales.

